domingo, 1 de abril de 2018

Curioso oficio el nuestro


Nuestro año nunca empieza el 1 de enero, es el 1 de septiembre cuando podríamos estar de resaca de las campanadas que para nuestro oficio suenan el 31 de agosto. Llevo varios años siendo tutor de 4º de ESO y cuando acaban se van a otro instituto, aquí quiero contar lo que siento y cómo lo siento. Al lío.

Comenzamos el curso con reuniones, papeleo, horarios, distribuciones de clases, informes y más informes, estadísticas y varias horas de formación en aspectos variopintos de nuestro quehacer. Al repasar las listas ves a tu antiguo alumnado o al nuevo y te preguntas cómo les habrá sentado el verano, a ver si las cabecitas locas de 2º de ESO se han asentado en 3º, cuántas personas vendrán con problemas de la escuela, cuántas serán excelentes o a cuántas se le habrá torcido la vida en estos dos meses. Inicias las clases con precaución, ves cómo se ordenan en clase, quién se pone con quien y por qué, reorganizas los gallineros y desactivas los focos de conflicto. Al principio no hay una relación fluida entre el alumnado y el profesorado, domina la prudencia, lo importante es tener los radares encendidos para ver de qué va cada individuo. Los primeros días, hasta la primera pre-evaluación, van a ser de tanteo. Sin pasar un mes conoceremos a sus progenitores y al mes siguiente vendrán las primeras notas, alegrías y tristezas. Habrá más reuniones con madres y padres, tutorías colectivas y personalizadas, ejercicios de orientación para que elijan bien su futuro, y más calificaciones e informes.

Cuando está mediado el curso te das cuenta del vínculo que se ha generado con la gente menuda, trabajas en su beneficio y en general, casi todos y todas pretenden hacerlo lo mejor posible. Siempre surgirá alguna bronca, algún malentendido, pero todo se solucionará. Llegará junio, habrá emotiva fiesta de despedida con vídeo homenaje y orla, con emoción llorosa, y otra generación marchará al insti más grande que ya no está en el pueblo. Nos quedarán los últimos días de flecos, últimos exámenes, últimas actas, reuniones y más reuniones para cerrar todos los asuntos del curso siguiente. Pasearemos por un insti vacío, sin ruidos, faltará algo o alguien y os puedo asegurar que, al menos en mi caso, tendré una sensación de pérdida. Me explico en el otro párrafo y acabo.

Trabajamos con personas, con emociones y ponemos mucha carne en el asador. Nos involucramos en sus vidas y nuestras jornadas laborales no acaban el viernes o cuando tenemos vacaciones, habitualmente nos llevamos las alegrías y dramas de nuestro alumnado a nuestras casas. Desconectar es difícil cuando ves que alguien sufre, o bien porque no llega a los mínimos, o porque la adolescencia es esa época donde montamos tragedias por casi todo. Pues bien, cuando el 4º curso acaba, se produce una desconexión, tienes que vaciar tu corazón para hacer sitio a los nuevos inquilinos que llegarán pronto. No hay un borrado total, somos un insti pequeño en un pueblo pequeño y nos vienen a visitar a menudo, pero la sensación de pérdida dura días, a veces semanas, hasta que otras actividades hacen de árnica y todo lo curan. 

Pasará un tiempo y se iniciará un nuevo romance, otro parecido o distinto al del curso anterior, y de nuevo tendremos que engrasar los mecanismos, implicarnos, alegrarnos o desesperarnos, para que en 10 meses se repita la historia. Ad infinitum.

2 comentarios:

Jabi Luengo dijo...

Y los cabrones de ellos siempre tienen la misma edad, y tú cada curso uno más.

Me ha gustado mucho tu post!!

Un abrazo!
Jabi

MiKeL Ortiz de Etxebarria dijo...

Sí, eso también cuenta, snif!